Ahorrar en el súper no tiene por qué significar comer peor. La mayoría del ahorro real está en cómo comprás, no en qué dejás de comprar.

  1. Mirá el precio por kilo o litro, no el precio del paquete.
  2. Comprá lo no perecedero en oferta, no cuando se termina.
  3. Probá las marcas propias del supermercado — a menudo rinden igual.
  4. Comprá frutas y verduras de estación — más baratas y más frescas.
  5. No vayas con hambre — aumenta las compras de impulso.
  6. Cociná de más y congelá porciones.
  7. Revisá el changuito antes de pagar, comparando contra tu lista.
  8. Aprovechá cortes de carne menos demandados — rinden igual a menor precio.
  9. Comparná el changuito completo entre supermercados, no un producto suelto.
  10. Planificá antes de ir, no en el pasillo — el ahorro más grande de todos.